jueves 19 de enero de 2012

Las tres cruces de Pepe Ortiz

Un buen aficionado de cualquier club debe conocer esas pequeñas batallas que enriquecen de verdad la historia de un equipo. No basta con conocer los títulos ganados, los que se quedaron en el camino, o las finales alcanzadas. Hay que conocer los guiños, los campos, las anécdotas y los nombres que forjaron una historia. Por eso, seguramente, cuando el pasado domingo en el fondo sur de El Molinón se desplegó un banderón con el rostro de Ortiz acompañado de la leyenda ''su honor se llamaba fidelidad'' más de uno, sobre todo los más jóvenes, se preguntaría qué significaba aquello y quién era Ortiz. Ahí va una una pequeña muestra de que los milagros existen, también en el Sporting.

La historia del Sporting estuvo muy cerca de sufrir un importante revés en la temporada 1960/61, con el club en Segunda y sumido en una brutal crisis económica, los resultados deportivos obligaron a los rojiblancos a tener que jugar la promoción de descenso contra el Burgos para evitar caer a Tercera, por entonces no existía la Segunda B. En la ida, disputada en Gijón, el resultado fue 2-3 para el Burgos, la cosa pintaba mal y peor que iba a pintar tras el 2-1 en la capital castellana. El Sporting descendió a Tercera División.

Aquel descenso podría haber supuesto poco menos que la desaparición del club, pero gracias a unos cuantos guiños de la fortuna el Sporting logró mantener la categoría. El equipo que precedió al Sporting en la clasificación de Segunda fue el Condal de Barcelona, que acuciado también por las deudas se vio obligado a renunciar a su puesto en la categoría, abriendo una pequeña puerta a la salvación.

El Sporting reclamó la plaza del Condal, pero la Federación no le cedió el puesto, tenía una idea mejor para pasar unos días de Agosto en Mallorca, organizar un torneo con todos los equipos implicados en ascensos y descensos. El Sporting se enfrentaría a Sestao y Castellón por un puesto en la final, el ganador del torneo se quedaría con la plaza del Condal y evitaría descender a Tercera.

El primero de los rivales, Sestao, no se presentó al partido (un nuevo guiño de la fortuna) y el 14 de Agosto el Sporting jugó la semifinal contra el Castellón. Aquí viene lo verdaderamente impresionante. Los primeros 90 minutos finalizan con 2-2, y en la prórroga, tras adelantarse el Castellón, el Sporting logró el empate con un penalty cuando el partido agonizaba. Cuentan las crónicas de la época que el penalty entró poco menos que llorando por el centro de la portería.

Entonces, en lugar de tirar unos penalties o repetir el partido, como la final del torneo ya estaba programada para el día siguiente, se decidió el finalista lanzando una moneda al aire. El capitán del Sporting, Ortiz, (futbolista desde la temporada 1948/49 a la 1962/63 y posteriormente delegado del club durante 33 años, ahí es nada) había ganado los dos sorteos de campo previos eligiendo cruz, pero ahora lo que estaba en juego no era ver quien ponía el balón en movimiento, sino ver quien seguía vivo en la lucha por un puesto en Segunda.

Como no hay dos sin tres, y con el delegado del club a su lado poniéndose pálido al escucharlo, Ortiz pidió otra vez cruz… y salió cruz. Así era como podías evitar un descenso hace cerca de cincuenta años, tirando una moneda al aire. Las tres cruces de Ortíz, que le pidió la moneda al árbitro de recuerdo, no era para menos, y éste no se la quiso dar, eran tiempos de posguerra.

Al día siguiente, el 15 de Agosto, el Sporting venció al Sevilla Atlético por 2-1 sellando una permanencia poco menos que impensable dos meses antes. Aquella noche noche de Agosto pudo cambiar la historia del Sporting, que a día de hoy se mantiene como uno de los pocos privilegiados que no conocen lo que es jugar en alguna categoría por debajo de Segunda División.

La fortuna que acompañó al Sporting durante aquel mes de Agosto de 1961 fue esquiva a los rojiblancos en ocasiones posteriores cuando el equipo necesitó alguna 'ayudita', ya fuese en aquella Liga a cara de perro contra el Madrid en la temporada 1978/79 o bien en las dos finales de Copa consecutivas de principios de los 80 ante el propio Madrid y el Barcelona. Sobra decir que en la final contra el Barcelona el verdugo del Sporting fue ni más ni menos que Quini. Si la suerte existe, y se puede medir, precisar o gastar, el Sporting se la fundió prácticamente toda en aquella noche de Mallorca allá por el mes de Agosto de 1961.

2 comentarios:

Aitor dijo...

Uff, en algo sí ha avanzado el fútbol, jugarse un descenso con una moneda... Una pena que historias como estas puedan caer en el olvido, es historia viva del Sporting.

Megaan dijo...

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